Estrés crónico

¿Alguna vez te has preguntado de qué manera el estrés crónico influye en la aparición de dolencias o enfermedades? El estrés sostenido en el tiempo no solo afecta a nivel emocional, sino que se manifiesta físicamente de muchas formas. Puede aparecer como dolor abdominal, fatiga persistente, dolor articular, cefaleas o migrañas, alteraciones digestivas como diarrea o estreñimiento, palpitaciones, hipertensión y una sensación constante de agotamiento.

Con el paso del tiempo, el cuerpo entra en un estado de sobrecarga que acaba traduciéndose en cansancio profundo, apagamiento y pérdida de vitalidad.

¿De dónde proviene el estrés?

El estrés puede tener múltiples orígenes: el trabajo, el entorno familiar, conflictos con vecinos, experiencias traumáticas, abuso, eventos cotidianos repetidos, vivencias emocionales no resueltas o hábitos poco saludables.
Por eso, uno de los pasos más importantes es identificar la causa. Reconocer de dónde viene el estrés nos permite empezar a hacer algo para cambiarlo. Ignorarlo o normalizarlo no lo hace desaparecer.

Cómo respondemos al estrés

Ante el estrés, no todas las personas reaccionan igual. Algunas logran regularse y manejarlo de forma adaptativa. Otras optan por huir, evitar o desconectar. Y hay quienes se inmovilizan, se quedan bloqueadas y no hacen nada.
Es importante entender que no hacer nada también es una respuesta, y suele mantener el problema en el tiempo.

Como decía Albert Einstein:

“La locura consiste en hacer lo mismo una y otra vez esperando que el resultado sea distinto.”

Fuente: EfferveScience

Según la teoría polivagal, existen tres grandes estados del sistema nervioso. El ideal es funcionar desde el vago ventral, asociado a la calma, la conexión y la capacidad de tomar decisiones conscientes.
Cuando el estrés se mantiene, podemos movernos hacia el sistema simpático, donde predomina la activación constante, o hacia el vago dorsal, relacionado con la desconexión, la huida y la parálisis.

En consulta es frecuente ver personas que, frente al estrés, se paralizan. No actúan, no toman decisiones y permanecen en un estado de bloqueo. En estos casos, por muchos menús o dietas personalizadas que se diseñen, el cuerpo sigue enviando el mismo mensaje al cerebro: “me conservo, no gasto, me protejo”.

Por eso, el objetivo no es forzar decisiones desde la prisa, la ansiedad o la hiperactivación, ni tampoco desde la parálisis. El verdadero cambio ocurre cuando se empodera a la persona para decidir desde la calma, desde un estado de mayor regulación y bienestar.

Frases como “me cuesta bajar de peso y casi no como” son muy habituales. En muchos casos, la explicación no está en la cantidad de comida, sino en el estado del sistema nervioso.

Cuando el cuerpo percibe que está en un periodo prolongado de estrés, entra en un modo de conservación de energía. No gasta, no suelta, no baja de peso.
Lo que hacemos hacia fuera se refleja también hacia dentro: si no tomamos decisiones, si no ponemos límites, si nos mantenemos bloqueados emocionalmente, el cuerpo actúa de la misma manera.

Conectar con lo que sentimos

A nivel vagal, es fundamental aprender a conectar con lo que sentimos y permitirnos actuar en coherencia con ello. Escuchar al cuerpo, regular el estrés y recuperar la sensación de seguridad interna es una parte esencial del proceso de sanación y del abordaje nutricional integral. También es importante empoderarnos para tomar decisiones, y conectar con lo que realtmente sentimos, amar lo que hacemos, fluir…